Durante el reinado de
Amen-Hotep
III, Egipto vivió uno de sus más grandes períodos de prosperidad.
Amen-Hotep III erigió su Santuario de Millones de Años en la orilla
occidental del Nilo. Flanqueando su entrada, se hallan los únicos
supervivientes de lo que fue una gran super estructura. Impávidos al
paso de los siglos, tan solo demuestran los achaques al paso de los
años, y sin embargo, las dos estatuas de Amen-Hotep III siguen
desafiando al tiempo, ebrios de eternidad.
El artífice de este complejo fue
Amen-Hotep el Hijo de
Hapu. Su fama y logros fueron tales que, no solo se convirtió en un
hombre admirado y respetado por sus contemporáneos, sino que siglos
después de haber fallecido, se le adoró como a una divinidad.
Debido a su situación, a orillas del Nilo, y
al material empleado para su construcción, ladrillo crudo y secado al
sol; lo que hoy queda del santuario de Amen-Hotep III no es ni la sombra
que tuvo antaño. Para la elaboración de estas estatuas del rey,
Amen-Hotep el Hijo de Hapu utilizó dos grandes monolitos de cuarcita.
Gracias a la existencia de otras imágenes del
faraón, en lugares como Luxor,
podemos hacernos una idea de la finura y la grandeza de esta obra
maestra, que seguramente se vio culminada por los rasgos serenos y el
rostro autoritario y tremendamente afectuoso que tuvo este rey de la
XVIII Dinastía.
Uno de los enigmas reside en saber como
llegaron hasta el lugar las dos estatuas, sabiendo que los dos monolitos
miden 16 metros y medio, no cuesta mucho adivinar cual fue el método
utilizado, observamos por ejemplo, el traslado del coloso que se
plasmó en la morada para la eternidad de Djehuti-Hotep, donde vemos el
viaje de la gran imagen a bordo de un buque, siendo cargada en unas
narrias y llevadas a su lugar de destino gracias a varias docenas de
robustos brazos.
Con el transcurso de los siglos, y con la
ayuda de un terremoto acontecido en el año 27 antes de nuestra era, las
efigies de Amen-Hotep III han padecido las inclemencias de la
ancianidad. Tras el terremoto, cuando amanecía el coloso más
septentrional emitía un leve y rasgado susurro lastimoso. Este hecho
atrajo a un sin fin de viajeros y aventureros. En el Siglo II de nuestra
era, Séptimo Severo los hizo restaurar, y se hizo el silencio en la
orilla Occidental de
Tebas. En la
actualidad, pese a que los colosos de Amen-Hotep III se hallan bastante
deteriorados, no han perdido su majestuosidad. Al contemplarlos, uno se
da cuenta de la única añoranza que los aflige, la desaparición del
Santuario de Millones de Años del rey.
Ahora se ha recuperado el tercer coloso, que estaba sumergido a tres metros de profundidad , y el logro se ha llevado a cabo gracias al tremendo esfuerzo de un grupo de arqueólogos españoles que está dirigido por Miguel Ángel López.


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