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sábado, 18 de febrero de 2012

El tercer coloso de Memnon




Durante el reinado de Amen-Hotep III, Egipto vivió uno de sus más grandes períodos de prosperidad. Amen-Hotep III erigió su Santuario de Millones de Años en la orilla occidental del Nilo. Flanqueando su entrada, se hallan los únicos supervivientes de lo que fue una gran super estructura. Impávidos al paso de los siglos, tan solo demuestran los achaques al paso de los años, y sin embargo, las dos estatuas de Amen-Hotep III siguen desafiando al tiempo, ebrios de eternidad.

El artífice de este complejo fue Amen-Hotep el Hijo de Hapu. Su fama y logros fueron tales que, no solo se convirtió en un hombre admirado y respetado por sus contemporáneos, sino que siglos después de haber fallecido, se le adoró como a una divinidad.
Debido a su situación, a orillas del Nilo, y al material empleado para su construcción, ladrillo crudo y secado al sol; lo que hoy queda del santuario de Amen-Hotep III no es ni la sombra que tuvo antaño. Para la elaboración de estas estatuas del rey, Amen-Hotep el Hijo de Hapu utilizó dos grandes monolitos de cuarcita.

Gracias a la existencia de otras imágenes del faraón, en lugares como Luxor, podemos hacernos una idea de la finura y la grandeza de esta obra maestra, que seguramente se vio culminada por los rasgos serenos y el rostro autoritario y tremendamente afectuoso que tuvo este rey de la XVIII Dinastía.
Uno de los enigmas reside en saber como llegaron hasta el lugar las dos estatuas, sabiendo que los dos monolitos miden 16 metros y medio, no cuesta mucho adivinar cual fue el método utilizado,  observamos por ejemplo, el traslado del coloso que se plasmó en la morada para la eternidad de Djehuti-Hotep, donde vemos el viaje de la gran imagen a bordo de un buque, siendo cargada en unas narrias y llevadas a su lugar de destino gracias a varias docenas de robustos brazos.
Con el transcurso de los siglos, y con la ayuda de un terremoto acontecido en el año 27 antes de nuestra era, las efigies de Amen-Hotep III han padecido las inclemencias de la ancianidad.  Tras el terremoto, cuando amanecía  el coloso más septentrional emitía un leve y rasgado susurro lastimoso. Este hecho atrajo a un sin fin de viajeros y aventureros. En el Siglo II de nuestra era, Séptimo Severo los hizo restaurar, y se hizo el silencio en la orilla Occidental de Tebas. En la actualidad, pese a que los colosos de Amen-Hotep III se hallan bastante deteriorados, no han perdido su majestuosidad. Al contemplarlos, uno se da cuenta de la única añoranza que los aflige, la desaparición del Santuario de Millones de Años del rey.
Ahora se ha recuperado el tercer coloso, que estaba sumergido a tres metros de profundidad , y el logro se ha llevado a cabo gracias al tremendo esfuerzo de un grupo de arqueólogos españoles que está dirigido por Miguel Ángel López.

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